¿Por qué cuesta tanto?

¿Por qué cuesta tanto regalar una sonrisa a quién está al otro lado del mostrador, al que te cruzas en el metro, a tu compañero de trabajo, al vecino del cuarto o al tendero de la esquina?

 

Yo tengo una teoría.

 

Había una vez, hace mucho tiempo… un monstruo envidioso de sonrisas. Pasaba los días refunfuñando porque todos a su alrededor sonreían y eran amables los unos con los otros.

No podía soportar tanta felicidad y su enfado crecía por momentos. Y cada vez que esto pasaba se hacía más y más pequeño. Hasta tal punto que estuvo por desaparecer. Empezó a tener miedo de que esto ocurriera y se arriesgó a salir de su castillo a robar sonrisas para volver a sentirse fuerte.

Pensó que lo mejor era comenzar por los más pequeños, parecían los más indefensos y confiados y no le costaría nada quitarles sus sonrisas. Sin embargo, cuál fue su sorpresa al descubrir que tenían demasiada fuerza y era incapaz de conseguirlas. Lo intentó una y otra vez, con unos y con otros, pero las sonrisas de los niños eran tan auténticas y sinceras y estaban tan pegadas a ellos que no pudo arrebatárselas.

Su ira comenzó a crecer de forma imparable. Daba vueltas sobre sí mismo en su castillo, que le queda inmenso. Bufó una vez, bufó dos veces y hasta tres y al cuarto bufido salió como alma que lleva el diablo.

Empezó por la primera casa que encontró y cegado por su ira y sordo por su envidia arrancó las sonrisas de quienes estaban allí, a excepción de los niños con quienes no se iba a tomar la molestia.

Siguió a avanzando y sin casi mirar por donde pisaba iba robando todas las sonrisas que encontraba a su paso. Se quedó con todas las del reino. Iba haciéndose cada vez más grande, cada vez más fuerte y cada vez más envidioso.

Salió de los límites de las murallas, más allá de los tres lagos, de las montanas rocosas, atravesó los campos de girasoles y desapareció entre la niebla del atardecer. Nadie sabe hasta donde llegó. Pero se escucha decir que sigue en busca de sonrisas y que no hay nadie que hasta el momento le haya podido detener.

 

 

Por suerte, hay lugares en los que todavía no ha llegado y gente dispuesta a atraparle y hacerle devolver todas las sonrisas que robó. ¿Te parece si les ayudamos?

 

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Lo que me ha dado

Lo que me ha dado no es nada nuevo.

He vuelto a coger lápiz y papel, hacía tiempo que rondaba mi cabeza, pero no había tenido ni el tiempo ni la calma ni mucho menos ambas cosas coincidiendo.

Vuelvo a mi rincón infantil, pero esta vez no son cuentos, son pequeñas rimas y poemas.

Ya van tres… vamos a ver… os esperamos a los demás.

 

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Se me ha perdido un botón

El sol se levantaba como cada mañana y yo creía que también, pero no era así.

¿Dónde lo había puesto? Anoche lo dejé justo aquí. Qué extraño. Pero si es su sitio de siempre. A ver… hago memoria… ¿lo cambié por algún motivo?, ¿olvidé ponerlo en su lugar?, ¿me distraje?.

Me miro. No, no puedo ir así. Es fundamental que lo encuentre.

Busco, rebusco y requeterebusco. Y nada que no encuentro, reencuentro ni requetencuentro.

Voy a ver si lo disimulo con otro que tenga por ahí…

Mmmm… este rojo… no, no… demasiado atrevido, el gris… uuufff qué pereza me da, es demasiado oscuro, el amarillo es muy pequeño, tampoco me sirve.

¡Vaya, me sentía a gusto con el mío y ahora no veo otro que encaje conmigo!

Es así, verde, de tamaño mediano pero gordito, suave, brilla por un lado, bastante blandito y de tacto agradable.

¿Tú tampoco lo has visto? ¿No? ¡Qué faena!

Ahora tendré que salir a la calle así. Con la sonrisa de medio lado, con la mitad de mi cuerpo y cuarta parte de mi alma.

Espero encontrarlo pronto.

Sin mi botón es complicado abrocharse la vida tal y como se merece.

 

 

Cuando las preguntas no tienen respuesta

Es como cuando ves una película y al cabo del tiempo comentando con alguien te das cuenta que “tu final” y “el suyo” no coinciden.

Me encanta cuando ocurre esto.

¿Acaso era un final abierto? Tal vez… ¿cuestión de interpretaciones? ¿Tendrá algo que ver el estado emocional del momento en que la vi? ¿Me inventé “mi” final porque el otro no me gustaba?

En cualquier caso… ¡Me encanta!

Hay preguntas en las que no espero respuesta porque no me va a convencer o no me va a venir bien. Así que decido no hacerlas o interpretar a mi manera la respuesta y soñar un poco más.

 

Que no me olvide nunca…

Que no me olvide, querida vida, de agradecerte siempre por lo más bello que me has regalado que son las personas que me rodean.

Cada una de ellas es importante porque han hecho que yo sea yo.

Algunas han pasado rápidamente y otras han venido para quedarse de una u otra forma. En cualquier caso me han dado su TIEMPO y han compartido conmigo algo de sus vidas.

Tengo mucho porque darles las gracias… aún a riesgo de no acabar “la lista”, la comienzo…

GRACIAS queridos amigos y familia que formáis parte de mi vida por…

dejarme soñar,

apostar por mí,

cuidarme en los detalles,

pensarme,

leerme cuentos, inventarte historias

acariciarme, besarme, abrazarme,

secarme las lágrimas,

compartir risas,

cantar conmigo alto y fuerte,

creer en mí,

no dejarme caer o dejarme hacerlo (porque soy bien cabezota pro estar de colchón en mi caída)

acompañarme en mis retos,

buscarme para no dejar que me pierda,

darme otra oportunidad,

jugar a mis locuras,

sujetarme fuerte,

escucharme,

entenderme (o no, que también ayuda),

limar mis defectos,

hacerme brillar en mis virtudes,

aparecer o un ratito (o un ratazo) en mi vida,

tus charlas, tus cartas, tus mails, tus llamadas,

disfrutar juntos de las alegrías,

apretarnos en las penas,

tu mano fuerte, firme y segura,

tu mirada cálida y cariñosa,

Pero ante todo, sobretodo y por encima de todo…

GRACIAS POR QUEREME.

Yo lo hago hasta “el infinito”.

 

Cuestión de imperfecciones

No soy perfecta. No, desde luego que no, ni mucho menos. No es nada nuevo.

Hubo un tiempo en que, cuando era mucho más joven, lo pretendía. Ser perfecta respecto a lo que yo creía que era serlo. O más bien respecto a lo que creía que los demás esperaban de mí. Era pequeña y me debía parecer que podría “conseguirlo”.

Pronto me di cuenta de que no era perfecta en nada, por lo que era imposible ponerme esa meta. ¿En nada? Sí, en nada. Y… ¿sería capaz de ser perfecta en algo? Pues no, tampoco. Tarde un tiempo en descubrir que no lo sería.

Cuanto más me empeñaba, más me equivocaba. Así que “decidí” ser imperfecta pero intentando ser buena en todo lo que pudiera. Otro error. Y ya van unos cuantos. Puedes contarlos.

Así que sin “conseguir” ni “decidir”, no me quedó más remedio que “aceptar” todas mis imperfecciones. Sientan fatal pero debo aprender aceptar algunas, a dominar otras y cambiar las demás.

He metido la pata, a veces un poco y alguna vez mucho. Y sacar la pata es difícil cuando lo que más cuesta es perdonarte a ti misma.

Y llega el día a día, incansable, y te recuerda cuántas veces más puedes sacar a relucir todas esas imperfecciones. Y yo, cabezota de mí, me digo que la próxima vez tendré o más paciencia, o más escucha o más tolerancia, o menos impulsividad, o menos mal genio o que gestionaré mejor el conflicto o el estrés…

Tal vez es mejor mover sólo una ficha a ver si el resto reacciona en lugar de intentar cambiarlas todas. Vamos a ver qué pasa… Ya os contaré por cuál empiezo.

 

Búscame esa sombra

Búscame esa sombra que me acune

que me deje sorda de un oído, que me quede el otro para oír el mar

búscame esa sombra que me guarde

que me apriete fuerte de un costado, que me deje el otro para respirar

búscame esa sombra que me alivie

que me quite el alma los días pares para que en el resto quiera engordar

Este maravilloso tornado que es mi vida

Tengo un problema.

Bueno, tengo unos cuantos, pero por centrarme y concentrarme hoy sólo en uno. Nos estamos conociendo y no quiero que conozcáis todos mis defectos así a la primera de cambio, que tengo unos cuantos.

(Kit Kat, lo sé, “nos conocemos” casi todos por aquí, pero me refiero a que nos estamos “conociendo” en este espacio)

Centrándonos es ese problema o defecto. NO PUEDO ESTAR QUIETA. No, no, de verdad que no… No puedo, es superior a mí. Si estoy quieta es porque estoy dormida. Sólo en esa circunstancia.

Y no puedo para ni con la cabeza ni con el cuerpo. (Ni sólo con uno de ellos).

Sentadita no aguanto, si no estoy haciendo algo, no puedo, no puedo, Os prometo que no. No soy capaz de ver una película sin estar haciendo algo a la vez, escribiendo, corrigiendo, haciendo artesanías, preparando algo… Ni soy capaz de estar en una charla (de formación), por ejemplo, si no estoy tomando notas o contestando a un correo o maquinando alguna idea, con un oído aquí y otro allí. Ni de hacer una sola cosa a la vez o de hablar de un sólo tema sin faltar a veintitrés más.

Podría resultar gracioso, pero no lo es. Es agotador. Pero aún más lo es estar quieta. Creo a demás que va a peor. Tengo la capacidad de volver loc@ al/a la más tranquil@. (¡Qué horror!) 

No sé decir que no. Bueno, más bien, sí sé pero no quiero. Me gusta estar en ochenta cosas aunque luego me queje de tener la cabeza en doscientas parcelas. Creo que no sería yo de otra forma. 

Me encanta mi trabajo aunque a veces me ahogue en él, por los tiempo sobretodo (me lleva mucho), me chifla estar comprometida tan activamente con Abay (aunque sepa que aunque quiera abarcar tanto, sólo puedo un poco), me muero si algún año dejo de estudiar (ya sea un máster, una carrera, un post grado…), adoro a mi familia y a mis amigos y nunca quiero perderme nada con ellos (aunque vaya de un plan a otro y tiro por que me toca porque soy demasiado feliz a su lado), mi compromiso con nuestro “embarazo adoptivo” y por batallar con la situación que nos ha tocado vivir me lleva a echar los restos.

Mentiría si dijera que no estoy enamorada de mi vida. Mentiría si le hiciera algún reproche. Mentiría.

Es sólo que a veces me gustaría bajar el volumen, la intensidad y al frecuencia de mí misma, pero no puedo.

Lo sé, tengo un problema. Y también la solución. Pero a día de hoy ésta no me gusta. Buscaré otra y si me convence… ¡os la cuento!

 

Con o contra el viento

Dejarse llevar

cerrar os ojos con paz

sentir la vida al pasar

permitirse no pensar.

 

Con o contra el viento

¿qué dices tú?  

 

CON EL VIENTO

Dejarse llevar por lo que digan los demás, por lo que la vida “decida” por mí

cerrar os ojos con paz sin querer saber nada más, sin preguntas, sin asumir querer mirar

sentir la vida al pasar, sin moverme de mi sofá, sin levantarme a protestar, sin hacerla “mía”

permitirse no pensar para no asumir responsabilidades para no coger las riendas.

 

CONTRA EL VIENTO

Dejarse llevar y avanzar, correr, saltar, volar alto, cruzar mar y tierra par lograr aquello por lo que luchas

cerrar os ojos con paz sabiendo que has hecho todo lo que está en tus manos, que has arriesgado y apostado, que no te has rendido

sentir la vida al pasar en cada rincón, no perderse nada, saber mirar, saber reír, saber oír, saber “sentir”

permitirse no pensar y dejar actuar al corazón para hablar y hacer desde él, pelearse con la mente para ganarle la batalla.

 

O… ¿es al revés?

¿podría serlo?

Sí, podría serlo.

 

Dale la vuelta a tu vida

no tienes excusa.

 

Con o contra el viento

¿qué dices tú?  

 

 

Pues… ¡zarpamos!

No prometo ser ordenada

no prometo contártelo todo

no prometo gustarte

no prometo ser cuerda, ni coherente ni sensata.

 

Sin embargo, prometo…

soñar a pierna suelta

reírme de mí misma

ilusionarme con la vida.

 

Es un espacio para “soltar”

no para contener

un lugar para dejarme ir

no para quedarme en mi “cuadradito”.

 

¡Zarpamos!, ¿te vienes?